Una Parroquia Nueva Para Tiempos Nuevos
Las parroquias de San Román y de Santa Catalina figuran entre las veinticuatro en que se dividió la ciudad de Sevilla en tiempo de San Fernando. Echan raíces en los orígenes de la segunda época del cristianismo, tras la dominación musulmana. Ambas forman parte del patrimonio cristiano de generaciones de sevillanos. De ese modo, son anteriores a todas las entidades religiosas existentes en la feligresía.
En 1911 se fusionan ambas parroquias en una sola comunidad eclesial, que perdura hasta nuestros días.
Ambos templos, dedicados a santos mártires de la Iglesia primitiva, son así un venerable testimonio de la tradición cristiana que alienta la memoria histórica de las generaciones presentes.
La devoción a San Román y a Santa Catalina es una reliquia preciosa que aviva la comunión de los santos y la experiencia de la catolicidad
La iglesia celebra la fiesta litúrgica de San Román el día 18 de noviembre y la de Santa Catalina de Alejandría, Patrona de Jaén, el día 25 de noviembre.
La parroquia es signo vivo del cuerpo de Cristo que es la Iglesia como comunidad local de la diócesis, vivificada por el Espíritu, que actúa por las mediaciones del ministerio sacerdotal y de la fraternidad.
La parroquia es el lugar solariego, el ámbito de las experiencias religiosas y de las relaciones interpersonales. Es parte de la propia casa, el hogar común, un organismo vivo. A semejanza de la unidad del cuerpo y del alma, el barrio y la parroquia forman una unidad de progreso humano integral.
La parroquia es el campo del Sembrador, la escuela del Evangelio, el hogar de los discípulos, la mesa de la fraternidad, el cenáculo de los apóstoles, la casa del Padre de todo consuelo y misericordia, el faro de la esperanza, el altar de la ofrenda de los adoradores en espíritu y en verdad, el camino de la misión y el núcleo de la unidad. Es la atmósfera de la catolicidad, de la complementariedad y de la comunión.
El Barrio
El barrio necesita del dinamismo espiritual, que abre a la trascendencia, a las referencias religiosas, morales y sociales. La parroquia es el alma del cuerpo social de los vecinos, el alma del barrio.
El barrio es un segundo cuerpo humano. Es la plataforma, el ámbito y el cauce por donde corre la visa de las familias que lo habitan. En el barrio se crece y se convive. Desde aquí se abre el hombre a la religión, a la cultura y a la sociedad.
El hombre que ama la verdad, ama sus raíces, a si familia, a su hogar, a su barrio. Desde ellas camina, madura, par
La Familia
La familia es la primera comunidad de personas, fundada y vivificada por el amor. Es la célula primera de la sociedad, sujeta a derechos y deberes.
La familia cristiana se configura por la fe y los sacramentos mediante su incesante participación del amor de Cristo a su iglesia. Ella es escuela del evangelio y de virtudes sociales, iglesia doméstica integrada en la Iglesia de Cristo por la comunión de vida y misión.
La familia forma parte de la comunidad parroquial, donde crece en la fe, en la visa sacramental, en la fraternidad y en su misión específica, en la Iglesia y en la sociedad.
La Caridad
Dios es amor. La virtud teologal de la caridad es participar de Dios. La caridad nace de la unión con Dios, por la vivencia de la fe y la obediencia a su voluntad. Es la síntesis de la Ley de Dios y la esencia del Cristianismo.
La Parroquia pretende ser fermento de caridad y signo de comunión. Una caridad vivida como amor de Dios y amor a Dios; como amor a Cristo y a su Iglesia; como fraternidad cristiana. La Iglesia es servidora de la humanidad y samaritana de los débiles. Pero, ante todo, es el Cuerpo de Cristo. A la Iglesia se la ama como a Cristo, desinteresadamente, no por su utilidad sino por lo que es.
La caridad obra el bien. El que ama al prójimo no le hace daño (rom 13,10). Transforma las relaciones humanas, familiares y sociales; da vida a la ayuda mutua; alienta la cooperación a la acción pastoral; suscita las formas de apostolado individual, familiar y asociado; e impulsa las diversas formas de presencia y de mediación en la sociedad, promueve el bien común. Para desempeñar la índole secular, como ejercicio de la caridad, es de gran utilidad inspirarse en la instrucción del episcopado español "Los católicos en la vida pública", editorial Edice.
Mediante Cáritas, los feligreses también practican las obras de misericordia.
Fe Arraigada
La familia, la parroquia y el barrio ofrecen el soporte para vivir, crecer y actuar con una fe arraigada, evitando el aprendizaje de una religiosidad de usuario y disgregación, contraria a la identidad cristiana, y facilitando el sentido de la pertenencia y de comunión. De este modo, la visa de fe se hace fuerte y consistente y supera los motivos estéticos y sentimentales que sitúan a la religiosidad en la lógica de la apariencia y de sociedad coyuntural.
Desde esta fe arraigada se vive el Evangelio del Reino, creciendo por dentro y participando en los círculos mayores de la Iglesia y de la sociedad, como expresión del dinamismo vocacional humano y cristiano.