Nuestra Señora de las Lágrimas
La talla de la Santísima Virgen de las Lágrimas es de autor anónimo, aunque atribuida a Luisa Roldán, "La Roldana", es realizada en el siglo XVII en madera de cedro. La Dolorosa, que mide 1,60 m., presenta su cabeza inclinada hacia la izquierda, fijando su mirada hacia abajo. Su mano izquierda esta semicerrada, y abierta la derecha que porta el pañuelo. Iconográficamente, representa a la Virgen Dolorosa, tras la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo.
En el año 1956, el profesor Ricardo Comas Fagundo, procede a restaurar a la imagen de la Dolorosa, realizando un nuevo candelero de base ovalada con ocho listones que arrancan de las caderas.
El título de Nuestra Señora, procede del lenguaje cortesano y caballeresco, siendo el título habitual dado por los vasallos a las mujeres de posición noble y usual en la lírica provenzal. Este apelativo fue popularizado por San Bernardo y los Cistercienses en torno al siglo XII, y frente a los títulos de Madre de Dios y María Santísima, pone de relieve el carácter humano e intercesor de María; así se le llamará en múltiples colecciones de "Milagros" medievales como por ejemplo, la de Gonzalo de Berceo. Las advocaciones pasionistas surgen en torno al culto a Ntra. Sra. de los Dolores, establecido durante la Baja Edad Media y describen los sentimientos de la Madre con parámetros humanos, rasgo clave de la prédica franciscana. Así el texto franciscano dice: "Stabat Mater Dolorosa, Juxta Crucem Lacrimosa", y de ahí la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas, Bendita Imagen Titular de nuestra Hermandad.
Viste la Sagrada Imagen manto de tisú celeste y saya de color azul marino con bordados de hilo de oro fino; corona de plata sobredorada realizada en 1938 por Eduardo Seco Imberg; Cruz pectoral, realizada en 1964 siguiendo las trazas de Vicente Martín Cartaya; broche de oro con la leyenda "Lágrimas" realizado por joyería Tassani y donado por la Juventud de la Hermandad en 1990; puñal y pañuelo.
Se da la curiosa circunstancia, que pese a no estar documentado, sabemos que fue esta Dolorosa, la primera de nuestra ciudad, en llevar el pañuelo que la sensibilidad sevillana dispuso para aliviar las inconsolables Lágrimas de María. La Virgen de las Lágrimas es centro de la devoción de su Hermandad, que supo vencer fáciles tentaciones y respetar historia y tradición, encarnadas en esta bella Dolorosa.