CAPILLA DEL SAGRARIO

La Hermandad Sacramental de Santa Catalina, deseosa de erigir una Capilla del Sagrario más amplia que la que poseía (actual capilla de Ntra. Sra. del Rosario), solicitó en 1721 del Ayuntamiento la cesión de un terreno adyacente a la cabecera del templo parroquial, siéndole concedido de inmediato. Ese mismo año se inician las obras, bajo la dirección del insigne arquitecto Leonardo de Figueroa, las cuales se prolongaron hasta 1736 en lo referente a la cantería y albañilería, siendo auxiliado el maestro por sus hijos Matías y Ambrosio. Otros artífices que intervinieron en el proceso constructivo, tras la muerte de Leonardo en 1730, fueron el albañil Juan Serrano (1732-1734) y los canteros Fernando Jordán, quien solo el pavimento, y Miguel Quintana, que realizó el zócalo de jaspes rojos y negros.

Urbanísticamente, la Capilla Sacramental tiene su principal elemento identificativo en la airosa cúpula que se remata con la escultura de la Fe, ejecutada por el aludido Miguel Quintana en 1724.

También en el exterior, los adornos en barro cocido con aplicaciones cerámicas que recubren jambas, pilastras y ventanales fueron modelados por Juan Moreno y Juan Isidoro Ramos. El recinto se sitúa en el testero de la nave del Evangelio, comunicando con ésta y el retablo mayor mediante sendas rejas, ejecutadas en 1746 por los maestros cerrajeros Francisco Jiménez y José González.

De planta rectangular, en su interior se desarrolla una exuberante decoración tardobarroca, tras la que se esconde un complejo programa iconográfico de corte eucarístico. Los paramentos, bóvedas e intradós de la linterna se enriquecen con yeserías estofadas que se alternan con aplicaciones en madera dorada, llevadas a cabo en 1730 por Pablo Guisado.

Nuevas molduras lígneas se incorporaron a mediados del siglo XVIII, asumiendo ya la estética rococo. Las pinturas murales se deben a José García en 1730, mientras que Pedro Duque Cornejo fue el autor en 1733 de los cuatro ovalados con figuras de ángeles que se alojan en la bóveda del presbiterio.

Notable interés presenta para el estudio de la  evolución estilística del retablo sevillano dieciochesco el que preside esta Capilla del Sagrario. Fue concertado en 1748 por Felipe Fernández del Castillo y su sobrino Benito de Hita y Castillo, concluyéndose su hechura en 1756. En él encontramos, constituyendo novedad, el empleo de la rocalla como elemento decorativo en estas máquinas arquitectónicas de madera. Todas las esculturas de Benito de Hita y Castillo son de espléndida factura: los cuatro Evangelistas del tabernáculo, la Inmaculada Concepción de la hornacina principal; las efigies de Santo Tomás y San Juan Nepomuceno que la flanquean; el San Juan Bautista Niño del ático y las laterales Santas Justa y Rufina.

Un año más tarde, Felipe Fernández del Castillo había rematado la  factura del retablo que en el muro izquierdo del recinto cobija la tabla firmada por el bruseles Pedro de Campaña. Esta pintura datable hacia 1560, muestra a Cristo atado a la columna, con un donante y Santa Mónica a su diestra, y San Pedro arrepentido a su izquierda.

De reducidas proporciones, consta de un cuerpo rematado en medio punto. En él se ubica el óleo con las Lágrimas de San Pedro, entre los arzobispos Isidoro y  Leandro, de talla, los cuales se ostentan sobre un par de medallas, centradas por la Apoteosis Eucarística de la puerta del Sagrario, con las Animas Benditas, piezas únicas de su imaginería realizada por aquel entonces, pues el resto procedía de épocas anteriores.

En consecuencia, estamos ante una iconografía que, pese a su rareza, no constituía novedad en la Sevilla del siglo XVIII, porque frente a los grandes cuadros de altar con el Juicio Final o el Purgatorio abundaron los presididos por un tema pasionista; en este caso, la Flagelación. Y es que, al margen de otras consideraciones de tipo plástico, el juego de la pintura con las esculturas, ya de bulto, ya en relieve, interesa sobre todo el contenido, la iconología: la relación causa-efecto, el doble paralelismo establecido en la composición, entre el arrepentimiento del Príncipe de los Apóstoles y de las Almas en Penas ante la presencia del Atado a la Columna, entre la mirada compasiva de Jesús al Pescador de Hombres, postrado a Su diestra, y la que dirige a los Purgantes, situados en el banco, en un plano inferior, porque de este modo se significaba, aparte de las jerarquías de personajes, el carácter colectivo del Perdón, su extensión a todo el Cuerpo Místico, constituido en Iglesia Militante y Purgante, que espera con anhelo la absoluta remisión de las culpas; en este caso, con la intercesión de los referidos Santos Tutelares de la Ciudad. Por último, también cabe destacar que en ambas tarjas se inscriben ocho bustos, en su mayoría masculinos; que fueron trabajados con sumo esmero y pericia, por algún artífice próximo a Benito de Hita y Castillo, habitual colaborador del retablista y autor de casi toda la estatuaria del recinto (Inmaculada Concepción, Tomás de Aquino, Juan Nepomuceno, Evangelistas, el Bautista Niño, las Santas Patronas: Justa y Rufina, San Sebastián) que representan a los distintos grupos de la sociedad estamental, incluido el eclesiástico, encarnado por dos religiosos: uno de poblado cerco clerical, otro con la cabeza casi rasurada; no en vano, se quería recordar en todo momento, con retórica machaconería, con la igualdad del hombre ante la Justicia Divina, los valores escatológicos de la Pasión y por supuesto la inexorable necesidad del fuego purificador de las faltas veniales.

Para concluir la descripción de esta Capilla Sacramental, anotemos la decisiva intervención del pintor Vicente Alanís, quien se hizo cargo del dorado de los retablos de la Capilla, tras la muerte del pintor y grabador  Pedro de Tortolero. Además, completó las pinturas murales de la bóveda del prebisterio, ejecutó en 1768 la "Apoteosis de la Inmaculada" que figura a los pies de la capilla, así como dos lienzos enmarcados en molduras rococó efigiando "La Caída del Maná" y "Moisés haciendo brotar el agua de la roca del Horeb", ubicados en el tramo de la cabecera. 

Morales A.J.(1997): "La Capilla Sacramental de Santa Catalina. Un espacio del barroco sevillano." En Capilla Sacramental de Santa Catalina. Madrid. Fundación Argentaria.